Poema de Rolando Toro Araneda

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Poema de Rolando Toro Araneda

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Semana 15
Volver a mi centro.
Seguimos hablando de pensar biocéntricamente, de comprender que la vida piensa de manera cíclica y que cada experiencia puede integrarse a nuestro proceso. El reconocer como un acto afectivo y los dos lados de la confianza, uno donde puedo mostrarme desde mi creatividad tal y como soy, y el otro, donde confío en que la otredad puede sostenerme.
Antes de comenzar la clase escribí en mi papelito que me sentía estresada, irritada y en modo alerta. Había muchas situaciones atravesándome y sentía mi cuerpo completamente disponible para reaccionar, como si todo estuviera en tensión. No intenté cambiar ese estado, simplemente era lo que estaba habitando ese día.
Volvimos a realizar el salto sinérgico que habíamos explorado durante las primeras semanas del semestre. Fue muy bonito porque al repetir esta vivencia semanas después, pude notar cuánto había cambiado mi manera de experimentarla. Ya no solo pensaba en el ejercicio, sino en todo lo que había aprendido desde entonces sobre el instinto gregario, sobre cuidar, dejarme cuidar y permitir que otras personas también me sostengan.
¿Qué vivencia de estas semanas me permitió reconocer algo sobre mí?
La autorregulación, sentí que esa comprensión cayó sobre mí como agua cristalina. No fue un golpe repentino, sino una sensación de reconocer algo que ya venía construyéndose. Recordé que volver a mi centro no significa dejar de sentir aquello que me atraviesa. Autorregularme no consiste en calmarme inmediatamente, sino en aprender a sostener mis emociones para poder regresar poco a poco a mí.
Ese día seguía irritada y estresada. La diferencia fue que ya no necesitaba pelear contra ese estado. Pude decirme:
Sí, esto es lo que estoy sintiendo ahora.
Este ha sido uno de los aprendizajes más importantes de este proceso somático.
Asimismo, reconocí que este proceso ha transformado mi manera de relacionarme con otras personas. Me resulta más natural cuidar, dejarme cuidar y confiar en que la presencia del otro puede sostenerme sin que eso signifique perder mi autonomía. Esa red de interdependencia de la que hablábamos al inicio del semestre ya no es solamente un concepto, sino que se ha convertido en una experiencia que puedo reconocer en mi cuerpo.
Semana 14
Curiosidad - Accionar - Compromiso
La curiosidad me enseña a mirar y el compromiso me invita a cruzar.
Desde mi postura, noté que estaba un poco encorvada. Mi columna no podía mantenerse completamente recta, aunque mis hombros estaban relajados. Sentía mis isquiones bien colocados sobre el suelo, pero también percibía un pequeño dolor en la zona lumbar. Emocionalmente me sentía un poco dispersa y, al mismo tiempo, atravesada por una sensación de incertidumbre.
Después de la exploración con el abanico chino confirmé que sigo siendo una persona curiosa y observadora. Aunque siempre he tenido esa tendencia a observar lo que ocurre a mi alrededor, durante la semana comencé a prestar atención a pequeñas cosas que normalmente podrían pasar desapercibidas. Incluso me encontré tomando fotografías de detalles que encontraba en la calle o en diferentes espacios.
Me di cuenta de que la curiosidad puede transformar la manera en que miro. La curiosidad limpia la mirada. Cuando observo desde la curiosidad, dejo de asumir que ya conozco aquello que tengo frente a mí y me ayuda a no dar las cosas por sentadas.
La ternura y el reconocimiento se han quedado conmigo, la ternura como una manera cuidadosa de acercarme al mundo y a lxs demá y el reconocimiento como una forma de encontrarme con la otredad sin dejar de reconocerme a mí misma.
También hablamos sobre cómo el afecto puede reformatearlo todo y sobre la relación entre el afecto, la acción y el compromiso.
Una idea que me quedó resonando fue la de cruzar el umbral. Entendí el umbral como ese momento en el que estoy dispuesta a accionar, a emprender y comprometerme con una búsqueda. Teniendo en cuenta que cruzar un umbral no significa necesariamente saber qué voy a encontrar al otro lado, significa estar disponible para comenzar a caminar hacia aquello que todavía desconozco.
Ser curiosa, ser comprometida con la curiosidad, tratar con ternura.
Independientemente de cómo se presente ese umbral, accionar implica compromiso.
Esto me hizo pensar en mi propia sensación de incertidumbre y que quizá no siempre necesito tener claridad antes de comenzar. Tal vez parte de mi proceso consiste en aceptar que puedo sentirme dispersa, no saber exactamente qué viene después y, aun así, decidir cruzar el umbral.

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Semana 13
Ternura - Reconocimiento - Resonancia
Me he sentido tan exhausta estos días, ha habido mucho ruido en mi cuerpo.
Era uno de esos días en los que la energía parece dispersa y el cansancio ocupa todos los espacios.
Era momento de reconocer ese ruido, en la ronda de plática hablamos de la importancia de luchar por los lugares de encuentro, entendiendo que encontrarse con otra persona también es una oportunidad para reconocerme a mí misma. Eso me llevó de vuelta a que:
Cuando me encuentro con alguien, siempre encuentro noticias de mí.
Me di cuenta de que esa frase sigue creciendo conmigo porque es una invitación a descubrir aspectos de mí que solo aparecen en la relación con los demás. Asimismo, es precioso poder reconocerme en la otredad sin diluirme, teniendo un límite saludable.
También hablamos de la musicoterapia como uno de los siete poderes de la biodanza. Me llamó especialmente la perspectiva de Alfredo Tomatis, él dice que al escuchar el universo se nos abre la percepción en todas sus dimensiones y se restablecen los vínculos esenciales con el medio ambiente y las personas.
La música despierta alegría, nostalgia, entusiasmo, euforia, calma, erotismo, nostalgia. Lo interesante es que cuando esas emociones son danzadas, dejan de ser solamente emociones y se convierten en vivencias. <3
Pienso en todas las veces que he llegado a clase sintiéndome cansada, con sueño o sin muchos ánimos y casi siempre salgo diferente. No porque desaparezca el cansancio, sino porque encuentro otras maneras de habitarlo. La danza me recuerda que sigo viva. Quizá por eso también resonó tanto conmigo el principio biocéntrico de la biodanza: el universo existe porque existe la vida.
Y bueno, jugamos con el caballito y lo viví una metáfora para preguntarme cuánto controlo las riendas y cuánto permito que la vida también me conduzca. Después, exploramos el contacto de las manos con otra persona, generando distintas presiones mientras nos desplazábamos por el espacio. Más tarde rodamos por el piso, sintiendo el peso del cuerpo y la confianza en el movimiento.
Uno de los momentos que más me conmovió fue cuando nos acariciamos las manos con los ojos cerrados. Antes de eso también habíamos explorado la respiración, mientras alguien percibía con delicadeza el movimiento de nuestro pecho al inhalar y exhalar. Era como un calorcito que abrazaba mi cuerpo desde adentro.
Con el abanico chino descubrí algo muy sencillo, sigo siendo una persona profundamente curiosa. Aunque muchas veces soy reservada, disfruto acercarme a los demás con curiosidad, escuchar sus maneras de sentir el mundo y permitir que eso también transforme mi propia mirada.
La palabra que me llevo de esta semana:
Tenerme a mi y tenerle a la otredad
Experimentar el cuidado y amor
Reconocer la belleza de la vida
Nombrar mis emociones
Umbral de vivencias en medio del caos
Resignificar lugares y vivencias
Amar
Semana 12
Silencio.
¿Dónde está el silencio en mi cuerpo? ¿Qué partes de mí necesitan silencio y cuáles necesitan sonido?
Hay lugares de mi cuerpo donde el silencio permanece incluso mientras bailo. Pensé inmediatamente en mi cabello, siento que mis rizos guardan silencio cuando están quietos, pero cuando bailo comienzan a sonar conmigo.
También apareció una imagen que ha permanecido conmigo desde la clase. Para mí el silencio se parece al instante en que me sumerjo bajo el agua. Ese momento efímero en el que atravieso la superficie y todo cambia. Los sonidos del exterior desaparecen y el cuerpo entra en otra calidad de escucha. No es un silencio vacío, es un silencio profundo que envuelve todo mi cuerpo.
También, noté que al posar mi atención sobre mi espalda sentí un silencio de color rosado. Me sorprendió esa imagen porque mi espalda es una de las zonas donde percibo mayor sensibilidad, allí siento que convergen muchas terminaciones nerviosas, y justamente por eso ese silencio no se siente rígido ni vacío. Se siente delicado, como un lugar que necesita cuidado.
En la improvisación grupal también me di cuenta que el floorwork es uno de los momentos donde más claramente puedo percibir ese silencio corporal. Al acercarme al piso mi atención cambia, mi respiración se vuelve más evidente, los apoyos aparecen con mayor claridad y el movimiento deja de necesitar tanta velocidad.
Al terminar la clase me di cuenta de que no tenía demasiadas palabras para describir lo vivido. Y quizá eso también era parte de la experiencia.
Mientras escribo esta bitácora sigo sintiendo ese mismo estado. Todo permanece muy silencioso por dentro, no como una ausencia de pensamientos, sino como una calma que no necesita explicarse.