Comentarios: Ayer empecĂ© a escribir este fanfic, es la primera vez que escribo uno en español, y hoy cuando lo terminĂ© me puse a hablar con un amigo y se me ocurriĂł hacerlo una serie (o por lo menos que tenga varios capĂtulos), basada en que Mink es argentino y lo que pasa en el universo de re:connect pasa en Argentina. Bueno, veremos como sale jaja. Por ahora tengo pensado que todos los capĂtulos sean historias independientes entre sĂ.
Mink volviĂł a la cabaña despuĂ©s del trabajo, ya cuando la tarde se transformaba en noche, y apenas logrĂł entrar por el umbral acompañado de los Ăşltimos rayos de luz del dĂa.
SuspirĂł profundamente mientras colgaba su abrigo en el perchero de la entrada, sintiendo un entumecimiento en los hombros. HabĂa mantenido una mala postura sin darse cuenta durante horas, sĂłlo notándolo cuando se levantĂł de su silla al terminar de hacer manualidades.
Aoba lo saludĂł mientras venĂa por el pasillo a recibirlo con Ren en brazos.
Mink se agachó un poco para poder darle un beso a Aoba, pero ni bien lo hizo sus hombros se tensaron causándole un dolor que provocó que se le escapara un sollozo.
"¿Qué te pasa?" le preguntó Aoba con preocupación evidente en la cara.
"Nada, estoy un poco contracturado nomás" le contestó Mink, a la vez que presionó suavemente una de sus manos contra sus músculos adoloridos, tratando de disipar el dolor.
Aoba lo observó cuidadosamente, y exhaló de alivio al saber que no era nada grave. Con una pequeña sonrisa dejó a Ren en el suelo y se puso en puntas de pie para que Mink no tuviera que moverse.
Le diĂł un beso suave y sin apuro, pero fue corto ya que perdiĂł el equilibrio y casi se tropieza con sus propios pies.
Mink empezĂł a reĂrse de la torpeza de su novio, pero en el momento en el que lo hizo sintiĂł una punzada en la espalda que lo obligĂł a detenerse y a gruñir de la incomodidad.
"Eso te pasa por reĂrte de mi" fue la contestaciĂłn que recibiĂł de Aoba, pero fue a modo de burla más que de reproche.
"Hmmm".
"Si tanto te molesta, te puedo hacer masajes... si querĂ©s". La oferta de Aoba era tentadora, pero Mink no estaba seguro ya que sabĂa que algĂşn mal movimiento podrĂa no sĂłlo no aliviar su dolor, si no que tambiĂ©n podrĂa agravarlo.
"¿Sabés hacer masajes?" preguntó.
Aoba pareciĂł sorprenderse con la pregunta, "Âżnunca te hice masajes?" preguntĂł, frunciendo los labios.
"Mmm, no, no que yo sepa por lo menos" Mink le sonriĂł, lo que aparentemente hizo que Aoba deje de hacer puchero.
"Si, si, yo se los hacĂa a mi abuela cuando ella me pedĂa, asĂ que imaginate lo bien que me salen para que ella me venga a pedir a mi".
Mink no podĂa negar la verdad de esa afirmaciĂłn, sabĂa muy bien lo exigente que era Tae, por lo que Aoba debĂa saber muy bien lo que hacĂa.
"Bueno, entonces ¿me podés hacer masajes?".
"Mmm, no sé, lo voy a tener que pensar..." fue la respuesta de Aoba, mientras posaba con una mano en la cadera y con la otra tocándose la boca con un dedo, fingiendo sopesar la situación.
Mink lo mirĂł fija y seriamente con una ceja levantada.
Cuando empezĂł a caminar hacia el sofá, Aoba se empezĂł a reĂr y lo agarrĂł del brazo.
"¡Era una joda nomás! no te enojes" logró decir entre risas, mientras fue con él al sofá.
Mink se quejĂł mientras se sentaba, la verdad es que no podĂa mover la cabeza hacia los costados sin que le doliera.
Aoba se parĂł atrás de Ă©l para poder empezar, pero Mink comenzĂł a desabotonarse la camisa que tenĂa puesta.
"¿Q-qué hacés?" preguntó, trabándosele un poco la lengua en el proceso.
"ÂżQuĂ© te parece que hago?, es mejor sin la camisa que moleste de por medio", lo dijo con una sonrisa, sabiendo perfectamente lo que su novio se habĂa imaginado, "mal pensado".
"¡Ey!" chilló Aoba, sonrojándose completamente.
Ahora le tocaba reĂrse a Mink.