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Albrecht Durer
Mario Benedetti. Almohadas. Próximo prójimo. [01]
Tablerunners!

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Un lugar en la cama
He decidido dejar un lugar, para ti, mi alma gemela, en la cama, donde hemos perfectamente de caber los dos. He puesto otro almohadón para que descanse tu tierna tez, aquí donde se encierran mis ideas y el silencio de la soledad, aquí donde me acompañan libros, cuadernos, música y llanto.
Te he guardado un espacio, espero y sea el adecuado para tu fino cuerpo. Abrazo el vacío que me has dejado sin siquiera haberte marchado, el dolor de una daga que no ha sido aun acuñada.
Y en la duda de tu armonioso mirar, agonizo entre las garras de los celos, muero entre la idea de tus brazos en piel ajena, entre sonrisas y cánticos que te halaban, que no han de pertenecer a este pobre saco de pena, que no han de ser de nuestro propio arte.
Lloro tu ausencia con una taza de té entre las manos, busco en ella el calor que solo tu cuerpo me ha de brindar, el sabor frutal con un toque de miel. Beso el aliento del humor, durazno.
Si algo no existe ¿Es real? He de suponer que es cierto. Bajo esa ley ha de funcionar el llamado amor, el conocer la inexistencia de lo real, lo que llama, grita, solloza, disfruta, destruye y crea.
Te escribo para que entiendas el daño que causa tu inexistencia, la falta que le haces a mi mundo, a mi presente y a mi futuro; para que comprendas cómo la carencia de nuestras voces ha dejado al mundo sordo y expectante.
Me has dejado en un fortuito letargo, con sueño dignos de inspirar musas moribundas. ¡Vaya sueños!
En el ensueño de tu cara, sin poder ver tu rostro, tu cuerpo sin figura. ¿Se puede amar lo desconocido?
Vuelvo a suponer que es cierto, que amamos sin conocer, de la forma en que te amo yo, mi forma de amar a este ser del que no tengo la menor pista.
¿Crees en el destino? La verdad siempre ha sido un tema de discusión entre nuestros labios, entre nuestras caricias tersas, entre nuestros libros, nuestras libretas, nuestro humo y nuestros colores.
He colocado tierra fértil y he soñado con las flores más bellas, simplemente aguardo el día apropiado a colocar las semillas.
Dime que tú también has colocado tierra fértil, que has soñado conmigo, que mis labios te saben a miel aunque aun no los conozcas, que hueles el durazno en tu habitación, que me celas como yo lo hago. Dime que tú también has dejado un espacio para mí en la cama.
Gabriel Cárdenas Ramírez
En mi cuarto acostada, con mi plana almohada y con el frágil cuerpo de mi hermana al lado. Mi hermana, esa que no es una persona es una mascota de esas que te dan más amor que las personas que te rodean esa que siempre va a estar para ti pero muy pronto se va a ir.
Si supieras cuántas veces he deseado que fueras mi almohada...
a la que abrazo, la que recoge mis lágrimas, la que le cuento todos mis sueños, la misma que me ayuda a pensar y me deja relajarme y sentir que son tus brazos