La confusión de Sturzenegger con la vacuna de la aftosa genera ruido y EE.UU. enfría la compra de carne argentina
La política de desregulación impulsada por Federico Sturzenegger empieza a mostrar grietas visibles en el comercio exterior. Tras la flexibilización de controles sanitarios y la polémica sobre la vacuna contra la fiebre aftosa, el Gobierno de Estados Unidos anunció que “no comprará mucha carne argentina”, encendiendo las alarmas en un sector históricamente competitivo.
La secretaria de Agricultura norteamericana, Brooke Rollins, fue categórica: “No será mucho lo que compremos, Argentina enfrenta un problema de fiebre aftosa y en el Departamento de Agricultura tenemos que garantizar que nuestra industria ganadera esté segura”, dijo, al remarcar que cualquier importación debe cumplir estrictos controles sanitarios por fiebre aftosa, pese a que la OMS reconoce a la Argentina como país libre de la enfermedad.
Sin embargo, la confusión generada por las medidas locales alteró esa percepción. Sturzenegger, desde el Ministerio de Desregulación, automatizó la venta y distribución de vacunas contra la aftosa, redujo los controles estatales y dejó en manos de los productores la decisión sobre la aplicación y frecuencia de la inmunización. La medida, presentada como una modernización y una forma de “abaratar costos”, terminó generando dudas en el exterior sobre la trazabilidad sanitaria del rodeo argentino.
Fuentes del sector exportador reconocen que la falta de claridad en el manejo de la vacunación impactó directamente en la confianza internacional. “No está claro quién controla ni con qué periodicidad se vacuna. En un mercado como el estadounidense, eso basta para poner un freno”, explicó un empresario frigorífico.
Mientras el Gobierno celebra la simplificación interna y asegura que la desregulación “liberará la productividad”, el resultado inmediato es el opuesto: Estados Unidos, el mercado más exigente y valioso, compra menos carne argentina y mantiene sus condiciones al máximo rigor.
Paradójicamente, mientras la Argentina abre sus puertas a la importación de toros Holstein desde Ohio —el primer envío en 22 años, con cuarentena supervisada por Senasa—, las exportaciones hacia el norte siguen trabadas. La balanza comercial del sector cárnico, que durante décadas favoreció al país, empieza a mostrar señales de reversión.
El mensaje internacional es claro: la confusión interna y la relajación sanitaria generan desconfianza afuera. Lo que para Sturzenegger es “libertad productiva”, para los socios comerciales se traduce en incertidumbre sanitaria.


















