Vacaciones: Tierra de Afganos y Rayún
Ya de vuelta de nuestra travesía en el sur, con Negu no nos fuimos a nuestros respectivos hogares, si no que llegamos a casa de mis tíos, quienes andaban en Santiago, por lo cual hacía falta de alguien que cuidase los perritos, consistentes en Patti, sus hijos Norah y Neil, y la acogida, Rayún. Estos cuidados incluían darle a Neil su eutirox matutino, darles su comida a todos una hora después, pasearlos en algún momento de la tarde, y darles su comida a la noche. Y, por supuesto, regalonearlos.
Pero esto también incluía vivir por las nuestras, jugando a la independencia, por así decirlo. Creo que sobreviviríamos en esta situación, comimos bien, y lavamos toda la ropa del camping. Y los perritos tenían bastante atención, pese a que, al parecer, nunca era suficiente para ellos. Neil y Rayún se la pasaban encima nuestro cuando nos echábamos a ver televisión, e incluso cuando nos dieron ganas de jugar cartas sin tener naipes, por lo cual, por idea de la Negu, tuvimos que hacerlos a mano. Además, esta vez dejamos ordenado y limpio, sin heces caninas en el patio, y todo barrido. Tras cuatro días, mis tíos regresaron, haciendo que los perritos estuvieran más que felices.
Eso sí, aprendimos que la televisión realmente es mala cuando quieres verla, y se pone muy buena cuando no lo haces. Saludos a Disney Channel y Cartoon Network por mantenernos entretenidas con sus películas, a TNT Series por dejarnos ver Lost, y a Animal Planet por dar al Jackson Galaxy y sus gatos del demonio.









