Las enigmáticas figuras de Acámbaro
Las figuras de Acámbaro son una colección integrada por más de 33 mil piezas arqueológicas encontradas en Acámbaro, un poblado del estado mexicano de Guanajuato, por Waldemar Julsrud. En apariencia, dichas figuras parecen representaciones de dinosaurios y personas de culturas del viejo continente (recordemos que la historia oficial sostiene que el primer contacto entre europeos y tierras de América tuvo lugar en 1492).
Algunos individuos afirman que las figuras asemejan dinosaurios, mientras que otros sostienen que se trata de anacronismos. Aunque exista mucha discusión sobre la veracidad de estas figuras, así como sobre sus edades y formas, sin duda representan un curioso misterio en la historia del mundo. Los científicos se dividen en relación a la importancia de este hallazgo como una forma de solucionar algunos rompecabezas históricos y arqueológicos.
Gran parte de las piezas son de cerámica tarasca, un tipo de cerámica propio de la región. Algunas de las piezas de cerámica parecen retratar distintos pueblos y culturas de otras partes del mundo: esquimales, asiáticos, africanos, caucásicos con barba, mongoles, polinesios, y objetos que tenían conexión con los egipcios, sumerios y otros pueblos de la antigüedad. La mayor parte está hecha de arcilla, pero también hay varias piezas de piedra decorada, y algunos artefactos de jade.
El Instituto Smithsoniano no quiso saber nada del tema, simplemente declaró como falsos todos los hallazgos, pese a que se presentaron muchas pruebas en defensa. Muchos habitantes de la región testificaron a favor de Julsrud, asegurando que vieron dónde y cómo las figuras habían sido retiradas, sin que existiera posibilidad de que un artesano las hubiera moldeado o colocado allí, ya que existían vestigios de que habían sido enterradas desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, esto no convenció a los investigadores, quienes elaboraron la versión de que el alemán había sido engañado por los inteligentes campesinos, quienes decidieron tomarle el pelo. Los campesinos lo habrían hecho como una forma de venganza hacía Julsrud, que les pagaba miserias por su trabajo.
La datación por carbono-14 tenía la intención de poner fin respecto al debate, pero solo terminó acalorando aún más las discusiones.
Los fragmentos de una figura fueron analizados por el Laboratorio de Isótopos Inc. de New Jersey, constatando que la materia orgánica presente databa de entre el 4530 y el 1110 a.C. Pruebas adicionales llevadas a cabo en los laboratorios de la Universidad de Pensilvania, con radiocarbono y a través del método de termoluminiscencia, empleado para fechar cerámica, arrojaron una edad próxima a los 6.5 mil años.
Para aclarar las dudas, las figuras fueron entregadas para su análisis a un grupo de peritos que desconocían por completo que provenían de la colección de Julsrud. Estos peritos consideraron la posibilidad de que se tratara de reproducciones modernas. Sin embargo, cuando se les informó de su controversial origen, callaron de forma muy inesperada.
Según algunos expertos, la prueba de carbono-14 no tiene validez ya que está determina fechas para la materia orgánica presente, cosa que no se tiene en las figuras, pero la materia orgánica que las impregna puede quedar allí en cualquier momento, incluso a propósito.