Hoy 4 de marzo se conmemora el DĂa Mundial de la Obesidad. RevisĂ© un par de sitios web para leer sobre la efemĂ©ride y me encontrĂ© un listado de consejos sobre hábitos de vida sana para básicamente perder kilos. Y se entiende, vivimos rodeados de comida procesada y en un rĂ©gimen cada vez más sedentario, pero temo que esas «soluciones» son parte del problema, pues suenan tan frĂvolas como decir a alguien que deje de comer. Salud es, segĂşn la OMS, «completo bienestar fĂsico, psĂquico y social». Creemos que engordar es solo un rollo de dieta y voluntad (o su ausencia), cuando en realidad nutriciĂłn y ejercicio son apenas una de 3 patas de la mesa, y ni siquiera la más importante (si has leĂdo sobre el Efecto Roseto sabes de quĂ© hablo). Antes de juzgar a una persona obesa como floja, descuidada o desvergonzada, pregĂşntate si conoces su historia. Tal vez está peleando una batalla invisible contra el metabolismo. Tal vez se siente sola, despreciada, atrapada en un cuerpo que le impide mostrar quiĂ©n es realmente, y su forma de manejar la tristeza es comiendo: un condimento dulce para tanta amargura.
La belleza es una construcciĂłn cultural más que biolĂłgica, y nuestra sociedad puede disfrazar el reproche moral contra la fealdad de un cuerpo inflamado, empleando el argumento de «preocupaciĂłn por la salud ajena». Tal vez si fuĂ©ramos un poquito más empáticos, si no cediĂ©ramos al prejuicio, si dejáramos a los demás en paz o que vistan como quieran, muchos obesos perderĂan de un tirĂłn varios kilos acumulados a punta de estrĂ©s y de tragar no solo comida sino lágrimas y un sinfĂn de molestias.