Sus instintos no le permitían permanecer dentro del palacio, inmóvil, sin hacer algo al respecto con las escena que se podían observar en los exteriores del palacio; y fue por ello mismo que, Isabel, decidió hacerle frente a la situación, salir a ayudar, hacer (como siempre) que su estadía en el mundo valiera de algo. Rondaba por las calles de la ciudad, ofreciendo su ayuda a cualquier persona que lo necesitase, sin importar las complicaciones que trajesen consigo. Logró visualizar dos siluetas en poca lejanía, uno de ellos mostrándose agresivo y a tal punto que no pudo pasarlo por alto. En cuestión de segundos se encontraba allí, interceptando su cuerpo delante del masculino, bloqueando todo contacto directo con la tercera persona “Ni se te ocurra acercarte más” escupía veneno en su voz, su mano derecha reposando sobre el cintura que resguardaba su arma en la funda. No pensaba usarla, sin embargo le gustaba la precaución.









