Eddie se despierta, más cerca del atardecer que del amanecer, con la sensación de tener un témpano de hielo calentado al rojo vivo. Se incorpora un poco, apoyando las lumbares en el cabecero de la cama e intenta, poco a poco, recuperar el sentido del ego.
Lo primero es lo primero. Se busca las cadenas que cuelgan de su cuello. Están todas, cree. Su alianza, la de Amèlia, el ankh, el ojo de Horus, los anillos de Zazian y Zamazenta... SĂ, todo. QuĂ© alivio.
Lo siguiente es ponerse las gafas de Sol. No. No hace falta. Con tocarse la cara se da cuenta de que aĂşn las lleva puestas.
Finalmente, mira a su alrededor. La habitaciĂłn es amplĂa, más que el cuarto compartido que tiene en su bungalow. O eso cree, apenas puede verla fuera de la fina tela blanca que envuelve la enorme cama redonda en la que está. Un ventilador da vueltas en el techo, perezoso, rotando el aire, lleno de perfume y sudores, con el que entra por al ventana. En alguna de las esquinas, una radio coge y pierde la señal, emitiendo distorsionadas las voces de los cantantes.
"Me gusta la playa, me gustas-KRZZZT"
Eddie suelta un suspiro y finalmente mira a su lado. Hay una mujer. Desnuda. Levanta un poco la sábana, lo justo para mirar. Él también está desnudo. Tuerce el labio algo preocupado y se rasca el hombro izquierdo. Tiene esa zona escocida, seguramente por el Sol.
Se inclina y le aparta el pelo a la mujer para verle la cara.
Se muerde la lengua. Esa mujer no es LucĂa. Es algo más joven. Bastante más joven. Lo suficiente como para casi preocupar a Eddie. Casi, pero ahora mismo está escalando la pirámide de Maslow sin cuerda ni equipamiento. Y ahora que se ha encontrado a sĂ mismo, se da cuenta de que tiene hambre.
Sin hacer mucho ruido sale de la cama. En el suelo encuentra su ropa interior, y sobre una silla, los shorts y el poncho. Comete el error de olfatearlos antes de ponerselos.
Ugh... Se palpa los bolsillos. Encuentra una pipa de cristal que apesta a hash. Hace amago de dejarla encima de la mesilla de noche, pero luego supone que es suya y que por tenerla tampoco va a pasar nada, asĂ que se la guarda.
Antes de salir de la habitaciĂłn, toca la ruedecita de la radio y la sintoniza para la bella durmiente.
Same to you, friend. Same to you. Le da dos palmaditas al aparatito y sale de la habitaciĂłn.
Delante suya hay unas escaleras descendientes. A su derecha un cuarto de baño. Pero como escucha jaleo, decide bajar directamente, quizá encontrar a LucĂa, tiene... tiene preguntas que hacerle.
Baja el primer escalĂłn. El segundo. Para el tercero tiene que cogerse con una mano al pasador. En el quinto, tiene que cogerse con las dos manos y bajar asĂ. Nada más llegar a la planta baja ve, en frente suyo, a LucĂa. Está sentada de piernas cruzadas sobre un cojĂn rojo de dibujos geomĂ©tricos, fumando de una shisha. La comparte con un hombre ataviado con una guayabera blanca, de pelo escaso recogido en pequeñas trenzas en la parte trasera de su cabeza. El hombre debe tener unas tres veces la masa corporal de Eddie, aunque al contrario que con Rey parece ser más grasa que otra cosa.
El hombre se gira. Tiene la piel de la misma complexiĂłn que un sofá de cuero, moreno y arrugado. Eddie nota al instante que se ha hecho varias cirugĂas, y aĂşn asĂ aparenta la edad del galariano. No le transmite buenas vibraciones, asĂ que intenta ser educado y le dedica una nerviosa sonrisa.
Hola, ¿Cómo estás tú? Dice en su mejor paldeano, que sigue sin ser muy bueno.
"¡Eddie, hombre! TenĂa ganas de conocerte. Ven, ven, sientate. ÂżQuĂ© tal has dormido?"
Yo he dormido muy bien. Obedece, algo tĂmido, y se sienta la mesa. Inmediatamente tiene a LucĂa abrazandole el torso, prácticamente metiendole la pipa en la boca. Eddie da una calada, por educaciĂłn, pero echa casi todo el humo por la boca. PerdĂłn, pero yo estoy un poco pĂ©rdido. ÂżQuien es usted?
"DĂ©jame que haga yo las presentaciones." LucĂa sigue bastante pegajosa con Ă©l, pero no es que se queje. Es una mujer muy atractiva, le parece a Ă©l. Su moreno es más contenido que el del hombre, y su pelo es de un rubio dorado precioso. "Eddie me ha estado haciendo compañĂa. Y Pedro es mi marido, y el dueño de esta playa."
Eddie inmediatamente se tensa, separándose un poco de la mujer que, vista más de cerca, no es tan atractiva.
Eh! Eh! Eh! Yo no... yo no, yo no... yo no he hecho compañĂa a narie. Yo me acabo de despertar.
"Si se os oĂa por toda la cabaña, hombre." La verdad es que el tal Pedro se está riendo mientras lo dice. Eddie, sin embargo, sigue presa del pánico
Yo... yo me he despertaro con la chica de ensima. Señala al techo, esperando comunicar lo que ha pasado. Yo no he hecho...
"¡Eddie!" LucĂa le coge la cara y le obliga a mirarle. "Cielo, eso fue anoche. Llevas aquĂ tres dĂas. La de arriba es Julieta, la novia de Pedro."
Oh. Oh. Es un rollo raro entre tre-No, entra otra chica y deja una bandeja con varias pastillas, polvos y cigarrillos encima de la mesa y se sienta en el regazo de Pedro. Es un rollo raro entre cuatro personas. Eddie se vuelve a rascar el hombro. No entienro quĂ© estoy hasiendo yo aquĂ.
"Hace tiempo que estamos buscando otro hombre para el polĂculo, Edward. Yo cada vez tengo que viajar más, durante más tiempo. PensĂ© que con la jubilaciĂłn podrĂa estar más en casa, pero..."
"Y tĂş, Eddie, eres culto, guapo, educado. Hablas bien, y de cosas muy interesantes..."
"A mĂ me gustas, a Julieta le gustas y a Marta..."
"Es muy delgado." Dice la chica, mientras ordena el montoncito de polvo en una lĂnea con ayuda de una Visa negra. "Pero bueno, si solo va a ser para cuando Pedro no estĂ©..."
Eddie nota que se ha puesto bastante rojo. No, no, yo no quiero... yo tengo dos hijos de los que ocuparme... y-y tengo... estoy viviendo con amigos en Kalos que estarán muy preocupados, no puero...
"Tranquilo, amigo, tranquilo. Hoy es..." Pedro mira el dĂa en su reloj, un Rolex Daytona de oro, Eddie lo ha cazado nada más verlo."..sábado. El Domingo tengo que volver a la penĂnsula. QuĂ©date una semana con las chicas. Ves quĂ© tal. Y el fin de semana, cuando vuelva, me dices, ÂżDe acuerdo?"
Eddie mira a Marta, que se está quitando algo de polvo de la nariz. Luego le da una calada a la shisha. Piensa en la cara de la mujer del piso de arriba. También piensa en Amèlia. Siempre piensa en Amèlia. Lleva casi treinta años pensando en Amèlia sin parar. Y se ha perdido muchas cosas por pensar en ella. Se ha perdido a sus propios hijos por pensar en ella.
Y no quiere dejar de pensar en ella, claro. No podrĂa ni aunque quisiera, y además no quiere. Pero quizá sea la falta de comida en su estĂłmago, o la alta cantidad de estupefacientes en su torrente sanguineo, o el Sol, o el estar rodeado de mujeres, o quizá solo estĂ© siendo egoista y un marido de mierda, pero siente que tiene que hacer esto, quemar a su antiguo yo y renacer de entre las cenizas.
Una semana. Le estrecha la mano a Pedro. Me quedo una semana y luego decido. Pero me puero ir y nadie me dise que no. Si me quiero ir ... Dice, con toda la seguridad de que en una semana estará volviendo a Kalos. ...me voy donde me de la gana.
"Te prometo que te pago el billete si hace falta, Eddie..."
Eddie se le queda mirando. No parece buena idea decir quien es, no del todo. A saber lo que ha dicho antes de ensobriarse del todo.
"...Hutt. Edward Hutt. Un plaser."