Tanta soledad que ronda mi corazón, en una habitación llena de gente de la cual, a pesar de haber crecido con estas personas siento que no conozco a nadie.
Veo pasar corriendo a los pequeños jugando a quien sabe que, lo único que importa es que son felices aunque no sean conscientes de ello, al fin y al cabo, es de las pocas cosas que conocen de este mundo, veo sus ojitos llenos de vida y sueños, esos que alguna vez también tuve,aún me pregunto a donde habrá ido ese brillo, supongo que es algo que va desapareciendo con la edad...
Ahora estoy aquí, sentada contra una pared de la sala viendo como todos hablan y ríen sin prestar atención a nada en particular, veo el vaso que tengo entre las manos y no puedo evitar preguntarme que pasaría si lo aprieto al punto de que se reviente, sin embargo me contengo, no quiero armar un escándalo por algo tan tonto.
Las horas pasan, se me hacen eternas, hasta que finalmente todo acaba, todos empiezan a despedirse en medio de abrazos y la promesa de que volverán a verse pronto, mamá me avisa que ya es hora de irnos, les doy las gracias a todos por simple cortesía y nos vamos a casa, donde puedo encerrarme en mi cuarto con tranquilidad, a fin de cuentas, duele menos la soledad corporal que estar rodeada de gente que no entiendo ni me entenderá.