Retratos en blanco y negro / Riviera Maya.

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Retratos en blanco y negro / Riviera Maya.

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Después de mucho esperar por fin la conocí y tiene la sonrisa perfecta, mi sobrina: Kendra.
El día más esperado para los dos, el día de la boda. Dijeron: ¡Sí, acepto!
Paco y Claudia, cada día más enamorados. En sus sonrisas se adivinan las ansias de vivir el futuro. Sesión casual en el DF a dos semanas de su boda.
Paco y Claudia, una pareja única y muy divertida en una de sus primeras salidas como recién comprometidos. Guadalajara.

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Liz y Lisandro, una pareja increíble en los momentos más felices de sus vidas: Recién comprometidos, el día de la boda y en espera de su primer bebé.
Paseos por Oaxaca y Guadalajara con personas extraordinarias.
Motocross, un deporte de alto riesgo increíblemente visual. DF
Viernes de quincena en #Gaydalajara
Las ciudades están pensadas para vivirse en el exterior... se supone. Así como en teoría la tecnología también debería ayudarnos a estar más cerca, ya no digamos con nosotros mismos, simplemente en contacto con otras personas; ambas (tecnología y ciudad) representan “avances” o “evoluciones” en la manera en la cual las personas nos comunicamos, vivimos, nos desarrollamos, es decir la forma en la que interactuamos o establecemos relaciones interpersonales o al menos así debería de ser.
Por naturaleza las personas buscamos estar en constante comunicación con otros humanos, lo que nos ha llevado a vivir en espacios cada vez más compactos, del cual el DF no es ninguna excepción. Así hemos buscado casarnos o por lo menos tener una pareja; los menos afortunados encuentran compañía al lado de una mascota, que por lo general suelen no ser humanas; también buscamos tener una lista casi interminable de amigos con los cuales poder salir y no sentirnos solos. De todas las posibilidades la única que he realizado con éxito es tener mascota. Ahora mi pareja, mi esposo, mi hijo y mi amigo es un pug negro, un tanto gordo –se llama Gordo, ya sé, muy original- que ronca, duerme y babea sobre mi cama todo el día mientras yo escribo cosas como éstas.
En mi desesperación por no estar solo he llegado a cometer muchos clichés –que deberían de ser crímenes, para que nadie más los haga-, como bajar Tinder y “conocer” gente por ahí. Tristemente las únicas tres... ¿relaciones? que he tenido las he conseguido a través de redes sociales, Tinder, Grindr y aunque suene raro: Instagram. Todo esto implica poder hacer caras detrás de una pantalla de celular cuando algo que me escriben me parece estúpido o aburrido. Pero también me ha obligado a poner una sonrisa falsa, asentir, reír y hasta jugar el papel del “introvertido” cuando nos vemos cara a cara. Varias veces he pensado: “espera un minuto, yo jamás hablaría con alguien como esta persona si me lo topara en la calle”. Así han terminado mis últimas... –llamémosle salidas- salidas.
A photo posted by JJHR (@jonathanhere) on Jan 18, 2015 at 5:44pm PST
La última vez que salí solo fue hace poco más de un mes, mientras estaba en Guadalajara –Gaydalajara, para la comunidad-. Mi plan consistía, básicamente, en salir a la calle, ir a un café, después a un bar y para finalizar un antro –gay- y mágicamente ligar como en las películas. Pero seamos realistas, eso nunca pasa, a menos que uno mida 1.80 y sea Richard Gere en Pretty Woman o, en el peor de los casos, que uno tenga mala suerte y sea una mala película de principios del 2000 con Jennifer López como protagonista, siendo golpeada durante poco menos de 120 minutos, por el galán que se la liga cuando es mesera para después maltratarla en el intento de buena película Enough (aunque quién no quisiera ser tocado, sin importar la manera, por Biily Campbell -¡Broma!-). ¡Dios! Pensándolo bien, la solución, tal vez, sólo tal vez, esté en salir a la calle, pero no a pasear, sino a ofrecerse como Julia Roberts.
Pero bueno, la realidad es que ese día pasé tres horas sentado solo en un café, media hora bebiendo cerveza en la barra de un bar, donde lo único que quería era sacar mi libreta y escribir esto, pero no me quise ver solo y además de todo hipster, como si uno de esos adjetivos no bastara por sí mismo, también pensé en que en ese momento me hubiera gustado caer ante la mercadotecnia, saber fumar y fingir que soy una persona interesante. Para terminar mi día de ligue inesperado terminé en un bar gay donde lo más que conseguí fue que un señor volteara a verme, para después moverse de lugar, lejos de mí, mientras yo comía cacahuates y derramaba mi última cerveza de la noche.
Tal vez algún día conozca a alguien sin esperarlo, pero por el momento sigo esperando que suceda, como hoy, que estoy sentado un viernes de quincena en un café, pasando esto de mi libreta a mi computadora ¡Éxito!
Música perfecta para antes de emprender un viaje

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Mi viaje sin compañía por el Nevado de Toluca.
Aprender a crear tu propio camino es probablemente una de las cosas más difíciles en la vida. Es una de las razones también por la que nos perdemos, en nuestros interminables y muchas veces desesperados intentos por saber quiénes somos o quiénes queremos ser.
Todos terminan por influenciarnos de alguna manera, la persona con la que tuvimos un acostón, el mejor amigo al que conocemos de toda la vida, así como su familia, los amigos sinceros, los "amigos", y hasta la gente que saludamos en la calle, terminan haciendo que seamos de la manera en la que somos.
Por ello esta semana emprendí un viaje (corto) por mí mismo. Sin depender de los amigos que nunca pueden ir, de los que quieren ir pero no tienen dinero, de los que te dicen que sí y cancelan de último momento y de los que simplemente irían, pero no ese día.
A mucha gente le espanta estar solo y si hablamos de viajar sin compañía, casi es algo impensable. He viajado muchas veces solo, pero sabiendo que al llegar a mi destino habría alguien esperándome. Esta vez fue diferente y maravilloso -raro en una primera vez-.
Sin embargo viajar solo tiene muchas ventajas, que casi nadie ve. Por ejemplo estar solo. Así uno no depende de lo que la otra persona quiera hacer. Si uno está dispuesto a caminar cinco horas y no en regresar e ir a comer así será. Vamos eligiendo la ruta que más nos gusta, la que más nos llama la atención y así descubrimos de a poco quiénes somos.
Yo fui al Nevado de Toluca, un lugar muy cerca al Distrito Federal, para lo cual me desperté a las 5 de la mañana, me bañé con agua fría, tomé un taxi, tomé el metro, un camión en donde desayuné un sandwich de vegetales, y caminé más de 20 kilómetros, con una mochila en la espalda, algo que tal vez nunca hubiera hecho de ir acompañado.
A pesar de esto hay ventajas, como al momento de pedir "ride". Por muy apretados que vayan en los coches siempre hay espacio para uno más, para dos... quién sabe. Yo tuve suerte y al primer automóvil al que le hice la parada se detuvo, platicamos y fueron las primeras personas a las que conocí ese día, un matrimonio de Yucatán con dos hijos pequeños y una brasileña que iba de intercambio.
En la montaña, al estar solo y encontrarse a otra persona en el camino uno no puede fingir que no lo vemos, ignorar a alguien más es casi imposible, y compartir el gusto de caminar, escalar, hacer senderismo y estar en el mismo lugar genera prácticamente una unión instantánea, por lo que terminamos preguntándonos qué tal está el camino, qué tal la está pasando la otra persona y si es la primera vez que va o si ya había ido antes.
Ir solo también hace que otras personas te hablen, y al final terminas conociendo a gente maravillosa. En mi caso a un chico de Cancún que estudia en el Distrito Federal, a unos novios de Guanajuato que estudian en el Distrito Federal y yo que soy de Oaxaca y estudio... adivinen... en el Distrito Federal. Simplemente terminas conociendo a gente que tiene más en común de lo que pudieras esperar, que comparte gustos similares a los tuyos, comida y pláticas contigo.
Después de cinco horas de caminar me encontré en la cima del Nevado de Toluca, desde donde uno puede ver las lagunas. La única compañía que tuve todo el tiempo fue lo que había en el interior de mi mochila: una muda de ropa, una chamarra extra, dos cámaras, un celular con una batería extra y una libreta para hacer apuntes que no utilicé. A pesar de esto jamás me sentí solo, platiqué con más de 15 personas, a las cuales probablemente no volveré a ver, pero que me hicieron saber que hay gente espectacular afuera, que te enseña que estar solo no tiene nada de malo y sí mucho de maravilloso. Este primer viaje hizo que por primera vez me no me sintiera como alguien solitario.
Ya de regreso conocí a 12 mujeres que me dieron un aventón hasta el DF, a un chavo apasionado por la fotografía que me ayudó a que el regreso fuera más a meno. Viajar solo es simplemente una experiencia que tiene que vivirse, no existen límites, excepto por aquellos que nosotros mismos nos ponemos.
Por cierto, si se preguntan por qué caminé tanto es porque no sabía que había una ruta en la cual sólo caminas una hora. Ser inexperto a veces deja cosas muy buenas, sólo hay que estar dispuesto a que suceda.
Entrelazado
La noche más larga del año no es la del solsticio, sino aquella en la que te encuentro profundamente dormido -las cervezas ya habían hecho su efecto-. Había entrado a tu departamento como quien entra a un motel por primera vez, con temor, pero con anhelo de que todo suceda. Desperté y el recuerdo más fresco era tu brazo rodeándome para que la habitación desconocida no me pareciera tan fría, porque al final de todo o al principio de nada, entrelazaste tu soledad a la mía, casi como una promesa de que querías pasar más de una noche a mi lado.
La noche más larga es aquella en la que me escribes que desearías haberme llevado de viaje contigo, en la que desearías habernos conocido bajo otras circunstancias y en la que me revelas que no quieres dormir solo en una habitación de hotel, aunque con ello me comprendes un poco más. La noche más larga del año es aquella en la que me mandas una foto y aquella en la que me quedo despierto, esperando que algo más suceda, aquella en la que espero que dejemos de ser desconocidos.
La borra del café
"El amor es grande y más con May?", escribió un tipo de aspecto rudo, rapado, con gorra negra y sudadera negra con blanco. Se quedó viendo la pizarra negra sobre la cual había escrito, por unos diez segundos, se apartó un poco y regresó la vista a la pared, como pidiéndole una respuesta. Después buscó el baño y lo confundió con la sala de juntas del café.
Una chica, que podría tener cualquier nombre subió por las escaleras y se detuvo a ver justo la pregunta que había escrito el chico de apariencia ruda. No le vi la cara, pero supongo que al ver aquella frase probablemente sonrió un poco. Lo que sí vi fue que tomó un gis rosa y dibujó al lado un conejo. Al minuto de esto el chico de apariencia ruda volvió del sanitario y a unos 20 metros de distancia vio a ¿May?, quien seguía frente a la pizarra, le sonrió un poco avergonzado, y al estar cara a cara se dieron un tímido beso. May tomó el gis verde y sustituyó el signo de interrogación por uno de exclamación. Al menos por hoy la pizarra dirá:
"El amor es grande y más con May!" Mientras un conejo rosa y sonriente resguarda la reciente afirmación.
Ninguna explicación, ninguna combinación de palabras o música o recuerdos puede rozar esa sensación de saber que tú estabas allí y vivo en aquel rincón del tiempo y del mundo. Significase lo que significase...
Hunter S. Thompson
About a relationship...

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Cumpleaños y año nuevo
Celebrar cumpleaños, conforme pasa el tiempo, se me hace de las cosas más deprimentes: la noche previa a lo que llamaremos "el día", uno se va a acostar con la expectativa de que el día siguiente será especial, a sabiendas de que es como cualquier otro día, sólo que se es un año más grande.
También está la esperanza, casi amarga, de seguir envejeciendo; el deseo, a veces hipócrita, de la gente de que eso suceda, en donde para que se haga realidad hay que ser cautelosos, disfrutar y arriesgarse (con mucho cuidado) -si es que aquello es posible- pues seguir con vida es una contradicción.
Luego están los regalos, donde son los menos quienes en verdad piensan en qué es lo que quiere el festejado; los deseos del cumpleañero, quien espera que las cosas mejoren o al menos no empeoren. A todos los ingredientes anteriores hay que sumar un festejo, por muy sencillo que parezca, como si estar vivo no fuera más que una simple casualidad.
Los cumpleaños son como los años nuevos, pero personalizados, llenos de esperanzas, deseos y propósitos. Y vacíos a la vez de todo esto.
Aquí te hallé última forma de soñar despierto. Y aquí te guardo sin dormir, diciendo ábrete sésamo
Juan José Arreola